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Jesús, mucho más allá que una simple religión


Sin lugar a dudas, el objetivo de Jesús no era, es, y tampoco seguirá siendo, establecer una religión. Es fácil darse cuenta de ello, pues la misma religión fue la que lo crucificó.

Si realmente meditamos por unos segundos… Jesús mostraba siempre una firme oposición al confrontar a los religiosos, y no solamente usando sus sabias palabras, sino demostrando con hechos grandiosos los resultados tangibles de una nueva forma de pensar, basada en la reconciliación con Dios y el amor al prójimo.

Una “simple” religión palidece en comparación con el verdadero mensaje de su ministerio.

La religión, en sí, es una creación humana con la que se ha buscado establecer sistemas de organización social basados en preferencias ideológicas, cultura, comportamiento, reglas, prácticas, posición social y hasta etnia. Tales sistemas únicamente han marcado una tendencia divisora en lugar de conciliadora.

La religión divide, Jesús une

Para muestra basta remontarnos a un sencillo ejemplo, una realidad histórica con detalles que quizá muchas veces pasamos por alto: la convivencia entre un Zelote y un Publicano. El primero, de nombre Simón, perteneciente a un movimiento radical nacionalista que buscaba liberar a Israel de todo lo que representaba y apoyaba al Imperio Romano, atacando con violencia todo lo que estuviera en su contra; el segundo, llamado Mateo, un recaudador de impuestos judío en representación de Roma, cuya posición se prestaba para abusar, robar y mermar la economía de su propio pueblo. ¿Se imaginan? Un miembro, del considerado primer grupo terrorista de la historia, comiendo, durmiendo, dándose la mano y aprendiendo junto a uno de sus más odiados enemigos. —En la actualidad sería como ver reunidos a un miembro de ISIS con un simpatizante Norteamericano.

Si por un momento nos ponemos a pensar cómo en pleno año 30 un Zelote y un Publicano convivieron juntos, apreciaríamos y comprenderíamos mejor el poder y mensaje de Jesucristo.

Ambos personajes tan separados por su realidad ideológica; pero al final, grandes hombres, unidos y amados discípulos.

Una inusual amistad no creada por la religión, sino forjada, cimentada y alimentada por el único con el poder de hacerla realidad: Jesús.


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